• Padre Jorge Silva López

¡Se vale soñar!

Queridas Amsifas:

Llevamos más de un año en situación de pandemia, en un escenario en el que toda la humanidad hemos vivido situaciones que podríamos decir con toda la extensión de la palabra: “inimaginables” o que en nuestras expresiones coloquiales decimos: “ni en mis peores pesadillas”.


Cuándo pensamos estar más de un año confinados en nuestra casa, cuándo pensamos que llegaríamos a usar un cubre bocas más de un año, a excepción de cuando visitábamos algún enfermo en el hospital o nuestra profesión o trabajo lo requiriese. Y así podríamos hacer una larga lista de situaciones y experiencias que han detonado en millones de personas estados emocionales y espirituales de tristeza, duelo, enojo, desesperanza, cansancio interior.

Y es aquí cuando URGE que las Amsifas recordemos las Palabras de Jesús: “enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor” (Ap. 21,4). Y nos dirá: “Mira, Yo hago nuevas todas las cosas” (Ap. 21,5)

Queridas Amsifas, se vale soñar; este es el escenario perfecto para desplegar nuestros sueños y anhelos, nuestro deseo de construir en cada uno de nosotros una mejor persona, una familia, una sociedad, un mundo mejor, ¡es ahora! Por nuestras solas fuerzas no podemos, lo sabemos. Estamos iniciando un nuevo ciclo 2021 - 2022

Por eso dirigimos nuestro corazón y nuestro oído a Jesucristo que nos dice: “Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tenga sed yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente” (Ap. 21,6). Él es la primera y la última letra de nuestro abecedario. Y Él es también cada una de las letras intermedias en una secuencia armoniosa, pues “en Él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28).


Él es el único capaz de descifrar el sentido de la historia y de nuestra peregrinación personal. Él es el que llena de sentido y de contenido cada uno de los latidos de nuestro corazón. Nuestro aliento es consecuencia de su aliento de vida. Y Él nos ofrece, generosa y gratuitamente, el agua de la vida.

Compartimos la experiencia que nos comunica el autor del Apocalipsis: “Y me mostró un río de agua de vida, reluciente como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero” (Ap. 22,1). También: “Y verán su rostro, y su nombre está en sus frentes. Y ya no habrá más noche, y no tienen necesidad de lámpara ni de luz de sol, porque el Señor Dios los iluminará y reinarán por los siglos de los siglos” (Ap. 22,4-5).

Jesucristo pone su mano derecha sobre nosotros y nos dice: “No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos” (Ap 1,17-18).

El Señor nos ha creado por amor y para amar. Cada día nos renueva, nos hace de nuevo, nos reconstruye y rehabilita, nos convierte en personas nuevas, testigos de su novedad. Con la gracia de Dios, hagamos que nuestros Centros y Regionales sean de manera presencial o virtual, sean espacios donde las participantes

se atrevan a SOÑAR.



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